Levanto la voz y me alegro que huyas,
soy feliz porque te alejas.
Me encanta que me ignores,
odio que me hables y disfruto cuando
pienso que me olvidaste.
soy feliz porque te alejas.
Me encanta que me ignores,
odio que me hables y disfruto cuando
pienso que me olvidaste.
Adoro tus hirientes indirectas,
me fascina que te sientas libre.
No tolero que te alejes.
Odio que me ignores,
y no puedo ver el lado positivo del olvido.
No quiero que me hieras, sin motivo lo haces.
Crees ser libre, lo peor es que... no puedo negarlo.

Comentarios
algo así como sonrisas disfrazadas. A veces, nuestro maldito orgullo de mujer que no-debe-ser-sometida-ante-el-hombre, no quiere admitir cuando nos enamoramos y entregamos todo, y creamos máscaras; incluso para nosotras mismas.
La verdad de la milanesa es que uno puede decir misa frente a los demás, pero solo los que te conocen de verdad sabrán si es cierto o no.