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Maribel.

Las marcas que tenía en los pies reflejaban cuanto había caminado para llegar a aquel lugar,
era una mujer con expresión triste, sin sonrisa ... mirada caída pero con unos enormes ojos miel que iban de un lado a otro.
Ahí estaba yo, desgreñado, sucio y el con el mismo polo amarillo. Fui a su encuentro, no soportaba que todos la vieran como un bicho. Fue ahí donde comenzó todo.
Ella me contó que venía desde Laubrec, sinceramente ignoraba donde quedaba, pero quise que pensara que era muy inteligente (a pesar de que no había terminado la secundaria).
Su nombre era Maribel, sus ojos miel me convencían siempre. Tenía esa magia de hacer que todo parezca simple y perfecto a pesar de mi pobreza.
En un abrir y cerrar de ojos se había alojado en mi casa, la gente empezaba a murmurar... ¿Quién será aquella muchacha tan impúdica?, nadie la entendía...sólo YO.
Y yo, como su eterno protector, le daba todo lo que tenía... a veces sentía que ella se aprovechaba de ello, pero al segundo quitaba eso de mi mente... No debía dejar que los demás influyan en lo que pensaba acerca de Maribel.
No me di cuenta pero creo que me enamoré (o al menos eso creí). Ella de un arrebato me besó y terminamos haciendo el amor en el patio, rodeados de paja y suciedad.
Su piel canela, sus ojos miel, su cabello ensortijado, ella era ahora mi mujer, MI MARIBEL.
Al principio todo fue espléndido, era la más cariñosa, la mas sexy entre sus harapos, y lo mejor era que me pertenecía.
Pasaron cerca a 6 meses donde habían rumores de que Maribel salía con un hombre adinerado del pueblo, traté como siempre de no hacer caso a esas estupideces... Obviamente deseaban a mi mujer y querían verme lejos de ella.


HASTA QUE LOS VI.


Estuvo quitándome lo poco que tenía en mi pobreza, quiso que le compre las cosas MÁS caras y yo?... Yo como un imbécil, complaciendo cada capricho, cada pedido que con sólo una mirada podía lograr hasta que mate a una alguien, sólo con una orden de Maribel.
Maldita, pensé.
Tenía que vengarme de ella, la amaba demasiado y no podía dejar que se vaya así de mí. Era MI mujer y ningún hombre rico iba a venir a quitármela.


Pasaron años y Maribel aún vivía conmigo, ella pensaba que no sabía nada de su relación con Fausto, yo sólo estaba con ella para planear bien mi venganza.
La cité en el hostal donde acostumbrábamos ir, era barato pero nos gustaba.
Era el día.


Le pedí que se ponga aquello que me encantaba, como buena puta lo hizo.
Entró al baño, mientras tanto yo miraba ansioso el arma que me alquiló El Tigre.
Al fin salió, le vendé los ojos y le puse el arma en la nuca... Le quité la venda y recuerdo aún que ella tenía una cara de miedo increíble; Mientras tanto yo sonreía como nunca... jalé el gatillo y el sonido retumbó las paredes de adobe de aquel lugar.
Maribel yacía en el suelo sangrando muerta ... huí de ahí pero fue en vano, me metieron a la cárcel, todos sabían que había sido YO.
Ahora estoy aquí en una celda, escribiendo estas líneas de amor no correspondido por una pobre puta llamada Maribel.


Mi venganza fue un éxito,
nadie se burla de Teodoro San Cristóbal, mejor dicho ... nadie se burla de MI.


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